martes, 11 de julio de 2017

"Apellídalo terrorismo" (Gerardo Tecé)

"Terrorismo es hoy, en la España que tanto lo sufrió, una herramienta política plasmada como herramienta en la propia ley"


 
 
El 30 de marzo de 2009, Belfast y sus alrededores vivieron una noche movidita. Camiones y coches robados ardieron delante de comisarías de policía, varias barricadas provocaron el corte de hasta siete carreteras de la zona y una serie de falsos avisos de bomba en distintos puntos estratégicos desquiciaron a las fuerzas de seguridad durante toda la madrugada. La noche fue especialmente ajetreada pero no fue un hecho exótico. Aquella primavera en el Ulster, cuatro años después del anuncio formal de abandono de la lucha armada por parte del IRA, dejó tres muertos. Un policía y dos soldados británicos fueron asesinados por una escisión del Ejército Republicano Irlandés. Con el humo de los coches aún ardiendo y las muertes flotando en el ambiente, el ministro principal norirlandés, miembro del ultraconservador Partido Unionista, salió a dejar claro que toda aquella violencia nada tenía que ver con la comunidad nacionalista. A las llamas se les puede echar agua o gasolina. Otro mandamás del momento, el jefe de Gobierno autónomo, se unió al espíritu y al ser preguntado no quiso pronunciar la palabra terrorismo: “Todo esto no arrastrará a la provincia hacia el caos y muerte del pasado”. El sabor de la realidad, compuesta siempre por varios ingredientes, suele depender de las proporciones que el poder elija servirnos. En Irlanda entonces decidieron apostar por la convivencia.
 
Hace 37 años, en las afueras de Alsasua, Sebastián Arroyo, un guardia civil retirado, recorría el camino de vuelta a casa desde la empresa en la que trabajaba. Al pasar a la altura de su coche, varias personas ametrallaron desde un vehículo a Sebastián, que perdió el control saliéndose de la carretera. Cuando alguien llegó para socorrer lo que parecía un accidente leve de tráfico, se encontró al ex guardia civil con varios disparos en su cuerpo. Unas horas después murió. Una persona fue condenada por aquello. Un año de cárcel por haber realizado labores de vigilancia. Nada más. No hubo condena por el asesinato. La de Sebastián es una de las muchas muertes de ETA que la Justicia española tiene hoy día en el debe. En otros casos, la mayoría de ellos, sí ha habido condenas: las sentencias más duras, de cuarenta y tantos años de prisión por asesinato. 
 
Seis años después de la disolución de ETA, nos encontramos con una petición de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, que, como aquella noche del Ulster, tampoco es un hecho exótico. 50 años de cárcel a cada uno de los participantes en una pelea de bar que acabó con dos guardias civiles magullados, uno de ellos con un tobillo roto. Cincuenta años de prisión. Medio siglo en la cárcel. Ya saben, agua o gasolina. Desde que ETA bajó la chapa, además de crecer las refinerías han nacido nuevas variedades de terrorismo, aquella palabra maldita en la Irlanda que quería dejar atrás los años de sangre. Terrorismo por humillación vía chiste en Twitter, terrorismo por pertenencia a grupo anarquista, terrorismo a golpe de títere o terrorismo por pelea de bar. Esta última variedad de terrorismo nos trae novedades sintácticas en el lenguaje. A falta de grupo terrorista activo que haga de sujeto terrorista, son las lesiones en sí el terrorismo. 50 años de cárcel, no por terroristas, sino por lesiones terroristas. Luego hay quien sigue diciendo que en España no hay I+D+I.
 
Lo de Alsasua, efectivamente, es algo político. Comenzó a serlo en el momento en el que el futuro de los acusados no dependía de su defensa, sino de qué tribunal juzgase la reyerta. O multa o ley antiterrorista. Una moneda al aire entre la Audiencia Provincial de Navarra --que consideraba aquello una pelea de bar-- o la Audiencia Nacional, por cuyas paredes han pasado en los últimos tiempos los tuiteros y artistas más ilustres bajo la doctrina de moda: apellídalo terrorismo. La moneda del futuro de los acusados de Alsasua la llevó al suelo el Tribunal Supremo, órgano cuyos miembros son de nombramiento político: que lo de Alsasua se apellide terrorismo. 
 
"A lo largo de los años en la Comunidad Foral de Navarra se ha imbuido en un sector de la población un sentimiento de odio hacia la Guardia Civil". Así, con política, comienza el escrito de petición de 50 años de cárcel, que concluye lo esperable desde que la Audiencia Nacional decidió entrar con los puños por delante en esta pelea de bar. Comienza con política el escrito de acusación porque se basa en un artículo, el 573 del Código Penal --aprobado hace dos años junto a la Ley Mordaza--, que también lo es.  
 
Constituye delito de terrorismo cuando se lleve a cabo con alguna de las finalidades que se especifican: l.ª) Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado, u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo; 2.ª) Alterar gravemente la paz pública; 3.a) Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional; 4.ª) Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella.
 
Es decir, terrorismo podrían ser el referéndum de Catalunya o la amnistía fiscal de Montoro, al subvertir ambos el orden constitucional. O podría serlo el agujero de Bankia y su rescate con dinero público, que desestabiliza las estructuras económicas del Estado. O el cierre de hospitales, que altera la paz pública. O la agresión cotidiana a mujeres, homosexuales, inmigrantes o, si fuera el caso de acoso habitual, a guardias civiles, provocando un estado de terror en estas partes de la población. Terrorismo es hoy, en la España que tanto lo sufrió, una herramienta política plasmada como herramienta en la propia ley. Terrorismo es lo que interprete de forma aleatoria el Tribunal nombrado por el poder político. Un Tribunal que siempre interpreta lo mismo y en los mismos casos políticos concretos, llegando al ridículo una y otra vez: apellídalo terrorismo. Con las décadas de sangre que el país ha vivido debería darles vergüenza.

publicado en http://ctxt.es